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Archive for 31 agosto 2012

Agricultura y leche, un combo que suma

 

Julio Bianciotti, en su campo de la localidad de Porteña, en Córdoba

La aplicación de tecnología y el buen manejo son dos de los puntos centrales si se quiere producir y aumentar los rendimientos de una manera sustentable.

Así es como Julio Bianciotti, de la localidad de Porteña, en Córdoba, tiene una producción mixta donde explota la actividad tambera y la agricultura basándose en la aplicación de tecnología y buscando el manejo adecuado.

En la actividad agrícola, Bianciotti, quien además se dedica a la venta de maquinarias agrícolas Pla, tiene una rotación tradicional de trigo, soja y maíz, variando las fechas de siembra a partir de los pronósticos climáticos.

En soja comienza a implantar a partir del 20 de octubre grupos 4 cortos en la localidad de Porteña y grupos 7 largos, antes del 20 de diciembre en una explotación más al norte de esta localidad.

“Las variedades que utilizamos son la SPS 4×99 RR, que es nuestro caballito de batalla, y más al norte la SPS 7×0 RR, que nos da mucha satisfacción, todos de la empresa Syngenta”, destacó. Además indicó que viene utilizando el programa Plenus de la firma oriunda de Suiza.

El productor realiza 50% de trigo/ soja y en este caso la fertilización se basa en el doble cultivo, donde comienzan con un producto que tiene azufre y nitrógeno dejando cierta residualidad para la soja. También agregan yeso (sulfato de calcio) para corregir los suelos ácidos.

“Por logística estamos basándonos en fertilizantes sólidos, pero de todas maneras manejamos un mínimo porcentaje de sólidos, como la urea”, destacó.

Otro de los nutrientes que agrega es el boro, en situaciones de estrés térmico, lo que ayuda a estabilizar la producción más que aumentarla. Los rindes varían, pero en trigo/ soja en años normales rondan 22 qq/ha de trigo y 27 qq/ha en soja. Y en soja de primera o soja sobre soja y soja sobre maíz, el potencial es arriba de los 48 qq/ha. En el caso del maíz, Bianciotti diversifica los riesgos sembrando maíces de primera como los tardíos.

“Con los maíces sembrados después de Navidad nos escapamos de la floración de enero ya que las tres primeras semanas son de mucho calor. Y comienza a llover a fines de mes”, destacó.

La campaña pasada los rindes de los tardíos fueron entre 80 y 100 qq/ha, mientras que los de primera fueron de 25 qq/ha. ”

Si el tiempo acompaña tratamos de sembrar los maíces de primera el 15 de septiembre”, señaló. Los híbridos que utiliza son NK900 y para hacer silo usamos el maíz NK Tornado.

Con respecto a la actividad ganadera, Bianciotti destacó que “para continuar en el sector, te tienen que gustar las vacas”, ante el contexto desfavorable que vive la lechería en la actualidad, en la cual el precio pagado por los industriales no se condice con los gastos de producción.

“Estamos esperando que salga una ley de lechería, para que los productores y los consumidores sean los beneficiados y no los perjudicados, como en este momento”, indicó.

La actividad tambera, señaló, genera un crecimiento de las economías regionales excepcional, porque mueve insumos, ingenieros agrónomos, veterinarios, combustibles, y la gente sigue viviendo en el campo.

Con respecto a la actividad, el productor sostuvo que es principalmente pastoril, con suplementación con silos de alfalfa y silos de maíz.

“No quiero dejar de producir la alfalfa para no quedar pegado con el expeller de soja, porque a pesar de que mejora la productividad de las vacas, económicamente a veces no cierra”, informó, destacando que hoy no conviene por la relación precio/leche.

Por este motivo, usan alternativas como el permeado, residuo de la industria del queso.

“El suero se abstrae del resto de las proteínas y queda la lactosa con agua, que se la damos a los animales”, resaltó.

El productor sostuvo que trata de seguir en la vanguardia tecnológica para no perder competitividad y desprenderse de las vacas.

“Hacemos inseminación en vaquillonas con semen sexados y la sanidad es excelente”, afirmó. Bianciotti recalcó que todo esto sería imposible sin un grupo de trabajo.

“Este combo productivo, tanto agricultura como la actividad tambera, sería muy difícil sin un grupo que me respalde”, concluyó.

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Para que las plagas no ganen de mano

Los 5 disertantes sobre plaga durante el Simposio de Syngenta

Hoy el escenario de la campaña gruesa cambió: las abundantes lluvias registrados durante el último tiempo han cargado los perfiles para la siembra de la cosecha gruesa y los precios de los granos, tanto para el maíz como para la soja, han subido considerablemente. De esta manera, los productores deben aprovechar y apuntar a altos rendimientos aplicando tecnología par recuperar los “quintales” perdidos de la campaña pasada en soja como en maíz.

En este contexto, Syngenta realizó un simposio de soja y maíz en Córdoba capital para conocer las claves que los productores deben tener en cuenta para la próxima siembra de granos gruesos.

Uno de los temas más importantes del simposio fue el manejo de plagas debido a que ante este año Niño, los productores tendrán que estar más atentos que nunca.

Para el primer tema, Daniel Igarzábal, asesor privado, coordinó una mesa de cuatro técnicos de diferentes zonas productivas del país para conocer cuáles son las plagas que hay que controlar en soja y cuáles vendrán la próxima campaña. “Se puede decir que el factor común de las cuatro zonas fue la oruga bolillera, la cual ataca en todo el ciclo productivo y no se tiene bien claro cómo controlarla”, sintetizó Igarzábal.

Para conocer más en detalle de cada zona, los cuatro asesores que acompañaron a Igarzábal detallaron la problemática más en profundidad. Diego Álvarez, técnico del centronorte de Buenos Aires y sur de Santa Fe (Lares SRL), abrió el panel destacando que en esa zona abundó isoca bolillera, arañuelas, trips, y en menor medida, chinches e isoca medidora. “

El 60% de los productores hizo dos aplicaciones para la oruga bolillera y hubo casos de hasta tres aplicaciones”, indicó. Y para controlar arañuelas y tripshay que intervenir con una población baja.

Para esta campaña que se aproxima, Álvarez destacó que los productores deben estar atentos a la isoca bolillera, y si es un año Niño, como marcan los pronósticos climáticos, destacó que los lepidópteros llegarán más temprano.

En el sur de Córdoba, Juan Cacciavillani (Demeter Lab) destacó que la zona estuvo marcada por las bajas precipitaciones (en diciembre y enero llovieron 50 mm) y las plagas que dominaron la escena fueron la arañuela, la bolillera y las chinches.

“Los productores realizaron desde tres hasta cinco aplicaciones para la oruga bolillera”, sostuvo. Y viendo hacia el futuro, señaló que ningún año es igual a otro, pero que hay que tener cuidado con la isoca bolillera.

Por su parte, Daniel Frascarolo (coordinador Crea Región NOA) destacó que hubo sequía con diferentes grados en la zona de Tucumán y Salta, y predominó la isoca bolillera en diferentes momentos del ciclo del cultivo, desde el principio hasta el final. “Luego sigue el picudo, dependiendo de la zona, y en lugares donde no está avanzado esta plaga, las medidoras se hicieron presentes”, afirmó.

Los productores para controlar esta plaga, indicó Frascarolo, realizaron entre una y cinco aplicaciones. En cuanto a la arañuela, el técnico destacó que hubo muy poco en la zona. Y destacó que en esta próxima campaña de soja hay que tener cuidado con los ataques de la isoca bolillera, y en las zonas donde los picudos son problemas hay que monitorear porque la plaga estará nuevamente.

Por último, para Roberto Peralta (Halcón), del norte de Córdoba, la principal plaga fue la oruga bolillera, y le siguió la arañuela. “Hubo cuatro aplicaciones en promedio para la bolillera, llegando hasta diez en algunos casos”, sostuvo.

En relación con la arañuela, destacó que hay que tratarla como a una enfermedad. Para esta campaña de soja que se viene, el asesor vaticinó que seguramente los trips se van hacer presentes porque estuvieron en las últimas diez campañas.

El sorgo sembrado en fechas escalonadas

Uno de los lotes del ensayo de sorgo en fechas escalonadas

La superficie de siembra del cultivo de sorgo en la provincia de Entre Ríos tuvo tendencia positiva en los últimos diez años, con un incremento promedio de 5.900 ha/año, según la Bolsa de Cereales de Entre Ríos.

En el ciclo agrícola 2011/12 se sembraron 192.097 ha, con un crecimiento del 74,8% en relación al ciclo anterior.

En este contexto, el Grupo de Ecofisiología Vegetal y Manejo de Cultivos, del Inta Paraná, realizó un trabajo con el objetivo de evaluar, mediante variables ecofisiológicas y productivas, el comportamiento de sorgos graníferos de distinto ciclo de maduración en distintas fechas de siembra.

“La modificación de la fecha de siembra altera las condiciones ambientales para el cultivo durante su estación de crecimiento, debido a que los niveles de radiación, los registros térmicos y la longitud del día varían marcadamente a lo largo del año”, destacó Ramiro López, integrante del grupo.

Y agregó que estos factores pueden influir sobre el desarrollo, crecimiento y rendimiento del cultivo.

Para contextualizar el trabajo, López destacó que la experiencia se realizó en el Inta Paraná en el ciclo agrícola 2010/11 en secano, bajo el sistema de siembra directa sobre rastrojo de soja, con una sembradora experimental de 4 surcos distanciados a 0,52 m.

“El ensayo se implantó sobre un suelo Arguidol acuico con una fertilidad inicial a 15 cm de profundidad de 52,5 ppm de NO3 y 41,1 ppm de P Bray”, informó.

Los híbridos de sorgo granífero evaluados fueron DK 39T de ciclo corto, A-9758 M de ciclo intermedio y MS 108 de ciclo largo, todos con alto contenido de tanino.

La siembra se realizó en cinco fechas: 21/09/2010, 21/10/2010, 25/11/2010, 27/12/2010 y 18/01/2011.

Se fertilizó con 65 kg/ha-1 de PDA a la siembra y en el estado entre V4-V6 con 200 kg/ha-1 de urea.

“La densidad de siembra se mantuvo constante en todas las fechas de siembra en aproximadamente 180.000 y 200.000 plantas ha-1 para el híbrido de ciclo corto y entre 160.000 y 180.000 plantas ha-1 para los híbridos de ciclo intermedio y largo.

Como conclusión, López resaltó que al atrasar la fecha de siembra se acortaron los días desde siembra a emergencia y la duración del período emergencia a floración y también se observaron plantas de mayor altura.

El índice de área foliar verde (IAFv), al igual que la radiación fotosintéticamente activa interceptada (IR), presentaron los menores valores en la primer fecha y fueron aumentando sus valores a medida que se desplazó la fecha de siembra hacia enero.

Los híbridos evaluados presentaron similar comportamiento productivo en la primera fecha (6.020 kg/ha promedio) y la segunda fecha (7.284 kg/ha promedio).

Los mayores rendimientos se lograron en la tercera fecha, con diferencias entre híbridos. El DK 39T rindió 7.301 kg/ha, el A-9758 M obtuvo 8.513 kg/ha y el MS 108, 7.652 kg/ha.

“En la cuarta y quinta fecha se observó una disminución de rendimiento, siendo más pronunciada en DK 39T”, indicó.

En este período caracterizado por  déficit hídrico manifestado en los meses de octubre, noviembre y diciembre se observó un mejor comportamiento productivo asociado a la segunda y tercera fecha de siembra (octubre y noviembre).

El clima hace cambiar las fechas de siembra

 

Gonzalo Castro Videla retrasó las fechas de siembra de la soja y maíz

Los últimos cambios climáticos que se vienen dando en las diferentes zonas han hecho que los productores cambien las estrategias de manejo de los cultivos.

Uno de los casos es el de Gonzalo Castro Videla, productor y director de la firma Grupo Cofina Agro, ubicado en Vicuña Mackenna, al sur de Córdoba, quien cambió la fecha de siembra de la soja y el maíz intentando ganarle a las variaciones del clima.

“Estamos apuntando a siembras tardías porque las lluvias se están dando de forma también tardías”, indicó desde el XX Congreso de Aapresid.

El productor basa su producción agrícola en tres cultivos: soja, maíz y maní. Haciendo referencia a los cultivos de invierno, Castro Videla indicó que “hacen muy poco por las regulaciones en el mercado y por el clima”.

En el caso de la soja señaló que si bien la fecha óptima de la oleaginosa es en octubre, en el último tiempo han retrasado la implantación realizándola en noviembre.

“Esto depende de la situación de cada lote”, remarcó.

Las variedades que utiliza son de ciclos intermedios de Don Mario.

“Apuntamos a una muy buena inoculación  y luego usamos fertilizantes  foliares”, indicó.

Los rendimientos de los últimos tiempos han variado, por eso el productor no afirma que la variación de la fecha de siembra ha mejorado los rindes.

“Venimos de siete u ocho  años con climas muy cambiantes, por lo que sacar conclusiones es muy difícil”, resaltó.

La última campaña, si bien la zona de Vicuña Mackenna no sufrió tanto la seca como otras zonas, los rindes fueron malos y promediaron los 19 qq/ha.

Pero destacó que, en años comunes, las producciones en soja alcanzan en promedio 40 qq/ha.

El otro cultivo que trabaja es el maíz, en el cual también comenzó a retrasar la fecha de siembra por el clima.

“Ya estamos apuntando directamente a maíces tardíos, y los resultados son buenos. Este año fue muy notoria la diferencia de rendimientos entre los de primera y los tardíos”, resaltó.

En el caso de los de primera, informó, los rindes fueron muy malos, y los de segunda alcanzaron entre los 40 y 50 qq/ha.

En maíz también utilizan tecnología de punta, sembrando maíces Arvales y agregando zinc.

“En el sur de córdoba tiene una carencia de zinc y estos tratamientos están dando buenos resultados”, resaltó.

Entre los beneficios de la aplicación de este nutriente, Castro Videla sostuvo que mejora el stand de plantas y aumenta los rindes entre 500 y 700 kilos/ha.

“El tratamiento se paga tranquilamente”, destacó.

Además informó que es el tercer año de prueba y ya lo están tomando como una práctica generalizada, donde hacen dos aplicaciones: la primera en la semilla, y otra foliar, cuando el estado fenológico del cultivo está entre V3 y V4.

“Nosotros apuntamos a 100 qq/ha, porque apuntar a más es muy difícil”, aseveró.

En cuanto a la aplicación de nitrógeno, el director de la firma señaló que son suelos arenosos con poca materia orgánica, por lo que agrega 120 kg/ha de fertilizante líquido.

Por último, la empresa produce, procesa y exporta  el maní.

“En cuanto al clima, el maní es más rústico respecto de la necesidad del agua. Soporta bien el clima adverso por lo que fue el cultivo que mejor se comportó la última campaña, a pesar de que los rindes fueron menores a los promedios”, indicó.

En la campaña anterior los promedios fueron de 30 qq/ha, en la cual la media es de 35 a 65 qq/ha.

En cuanto al manejo, Castro Videla señaló que el cultivar tiene un ciclo más largo que la soja, donde necesita sumatoria térmica, por lo que la fecha ideal es la primera quincena de octubre.

“Necesita 150 días de ciclo, por lo que si se atrasa la siembra genera un riesgo importante porque es muy sensible a las heladas”, sostuvo.

El cultivo, informó el productor, tiene un buen valor comercial a pesar de que ha mermado el precio por la caída de la demanda de Europa.

“Al productor le quedan 700 dólares por tonelada”, afirmó.

Finalizando, Gonzalo Castro Videla especificó que la exportación del maní es dirigida en un 90% al mercado común europeo y el resto hacia mercados alternativos, como Australia, países de Sudamérica y de Europa del Este.

Los profesionales nacidos y criados bajo la siembra directa

La siembra directa modificó el paradigma de la agricultura al desterrar la idea de la necesidad imperiosa de la labranza para poder practicarla, cambiando la forma de producir llevando a una agricultura más sustentable.

Para esto, los productores tuvieron que hacer “prueba y error” para introducir la técnica en sus campos. Y en la actualidad, la siembra directa alcanza un total de 27 M de hectáreas en el país, de las 106 M que hay en el mundo bajo este sistema, según datos de Aapresid.

Así es como la nueva generación de profesionales “salió a la cancha” con el sistema instalado en las diferentes regiones productivas del país. El blog dialogó con tres productores/ asesores a los que denominamos “nativos de la directa”, destacando cómo se introdujeron con la técnica y los desafíos.

El primero es Alejandro O’Donnell, quien se recibió en 1997 y comenzó a ejercer la profesión en una empresa agropecuaria del sur de Córdoba, dedicada a la agricultura y ganadería. “Esta empresa ya estaba realizando toda su producción bajo siembra directa en sus campos de Córdoba y San Luis”, indicó el ingeniero, quien actualmente se encuentra trabajando en Frontera Agropecuaria.

De todas maneras, O’Donnell señaló que tuvo contacto con la labranza convencional cuando vivió junto a su familia en el campo. “Mis primeras experiencias ‘laborales’ las tuve en dicho establecimiento, ya que en la época fuerte de labores de labranza y siembra me tocaba hacer los turnos o relevos a los tractoristas”, señaló.

Lo que más le llamó la atención de la técnica, comparado con su experiencia en labranza convencional, era la simplicidad. “Luego, con el tiempo, comencé a ver los grandes beneficios, como la gran solución a los problemas de erosión hídrica y eólica, el eficiente uso del agua, los aumentos de producción, la sustentabilidad, etc.”, relató.

El ingeniero, oriundo de Río Cuarto, destacó que ya instalada la siembra directa en todas las zonas productivas, los desafíos son continuar buscando permanentemente aumentos de rendimiento y rentabilidad sin olvidar la conservación del recurso suelo. “Creo que los grandes impactos a nivel de rendimiento van a venir de la mano de la biotecnología”, vaticinó.

A nivel de campo, relató, hay que hacer los ajustes necesarios para aprovechar toda la potencialidad de la genética y la eficiencia de uso de insumos. “

Nuestro principal enfoque está en el manejo por ambientes o agricultura de precisión, tecnología que nos permite un manejo de insumos mucho más inteligente y eficiente. Esta tecnología exige el involucramiento de múltiples disciplinas y el gran desafío es lograr un nivel de ‘inteligencia colaborativa’ tal que permita aumentar sistemáticamente nuestra base de conocimiento”, indicó.

Alejandro O Donnell tiene como desafío continuar con la agricultura de precisión

Por su parte, Hernán Bailleres, quien se recibió en 1989 y comenzó a trabajar en el mismo año en la empresa familiar Bailleres Comercial SA, bajo el sistema de directa, dijo que “teníamos relación con Víctor Trucco (uno de los fundadores de Aapresid) y nos incentivó a comenzar con la técnica. Y como éramos nuevos en la producción agraria, nos dio lo mismo ir para un lado que para el otro, así que nos decidimos por comenzar con la directa”.

La empresa familiar, compuesta por el padre y los siete hermanos (seis varones y una mujer) trabaja en Los Cardos, El Trébol, San Jorge (Santa Fe), en el norte de Córdoba y Santiago del Estero (donde están involucrados con otras empresas de la familia) y hace poco invirtieron en campos en San Luis. El primer cultivo que sembró en directa fue soja de segunda y luego continuaron con el trigo y el maíz.

“Al principio, el concepto del trigo era que había que remover, ya que la soja de segunda se adaptaba fácilmente por el corto período que había entre la cosecha del trigo y la siembra de la oleaginosa”, indicó.

Pero al principio, los resultados con el cereal no fueron positivos.

“Creo que al remover el suelo había una inmovilización de nutrientes y no se daban los resultados, pero luego con la ayuda de Trucco pudimos ajustar las dosis y alcanzar los resultados esperados”, sostuvo.

La primera inversión, recordó, fue una sembradora Pampeano para granos gruesos.

“Le habíamos puesto un patín adelante y tenía una pequeña púa que removía el suelo un poquito y hacía que la máquina lo penetrara mediante un disco adelante que iba cortando el rastrojo”, relató. ”

Luego compramos una máquina de origen brasileño para sembrar trigo y asimismo la utilizamos para la soja”, indicó.

En cuanto a los desafíos, Bailleres destacó que para la empresa es tratar de mantener la rotación y continuar con una estabilidad de los rendimientos.

“Además estamos haciendo mapeo de rendimientos de los lotes para comenzar con agricultura de precisión”, resaltó.

Hernán Bailleres comenzó con la siembra directa en 1990

Por último, David Roggero, de la empresa El Remanso, en el sudoeste de Córdoba, comenzó a trabajar en sociedad con su padre tras recibirse como ingeniero agrónomo en 1995 en la Universidad Nacional de Río Cuarto.

“La primera experiencia con la directa fue sembrando verdeos y pasturas para la producción en el tambo”, dijo.

En un primer momento, la firma radicada en Vicuña Mackenna se dedicaba a la producción de leche y en un porcentaje muy chico, hacía agricultura. Luego, en el 2003 decidió abandonar la actividad porque los números no cerraban y el contexto no era favorable.

“La mayor rentabilidad en los granos y la compleja situación de la producción tambera nos hicieron pegar un golpe de timón”, destacó. Luego tuvieron una experiencia de engordar hacienda en un sistema semi-intensivo durante un año y medio, y hasta el 2011 no volvieron a la actividad ganadera.

“El año pasado armamos un feedlot y continuamos con la producción agrícola, tanto en campos propios como alquilados”, resaltó.

La primera experiencia con la siembra directa fue con la implantación de verdeos y pasturas en base a alfalfa para la producción del tambo y trigo para cosecha.

“Luego seguimos con la soja y maíz. Ya en el año 1998 teníamos todos los cultivos en directa”, informó.

En un principio, no implementaron todo en directa, sino que fue un mix: “Recuerdo algunos lotes de ensayos realizados mitad en directa y mitad en convencional”.

Con respecto al desafío que tiene por delante, Roggero indicó que hacen prevalecer las cosas simples, y esto los lleva a estar atentos a las innovaciones, no como gestores, ya que remarcó que es una empresa de pequeña escala.

“Hay varias cosas para mejorar en el manejo, pero apuntamos a trabajar en agricultura por ambientes y a manejar menor las dosis de fertilizantes”, informó.

David Roggero trabaja en directa en el sudoeste de Córdoba

La historia de la siembra directa, en primera persona

Mario Nardone, uno de los pioneros de la SD

La siembra directa como práctica ya es una realidad en todas las regiones productivas del país, en la cual los productores aprovechan todos los beneficios de la técnica. Pero como todo tiene una historia.

Para conocer más sobre esta técnic, dialogamos con uno de los pioneros y fundadores de Aapresid, Mario Nardone, quien comentó cómo fue su experiencia con la directa y cómo se fue introduciendo en el país.

“En 1969 finalicé la carrera de ingeniero geógrafo en la Facultad de Rosario y al año siguiente ingresé a trabajar en la Estación Experimental de Marcos Juárez, del Inta, en la sección Manejo y conservación del suelo”, especificó.

Por lo que a partir de este momento comenzó a trabajar en la protección del recurso suelo. De esta manera, en 1971 fue a realizar un posgrado en hidrología en la Universidad de Londres, Inglaterra.

Y se inició en las diferentes temáticas para mejorar la protección del suelo “Empezamos a estudiar las terrazas, cultivos en curvas de nivel y fuimos implementando la siembra directa”, destacó. Luego cuando volvió apuntó a poder realizar siembra de soja de segunda sobre los rastrojos de trigo.

“En el doble cultivo trigo/soja era muy complicado, porque se estaba cosechando el trigo en noviembre/ diciembre y al hacer la remoción del suelo había pérdidas del agua por evaporación y había que esperar las lluvias para sembrar”.

Y esperar una lluvia, destacó Nardone, significaba dilatar la época de siembra, y esto se traducía en menores rendimientos en esa época.

“Siempre el punto central fue el manejo de la materia orgánica y el agua. Y ahora seguimos manteniendo este énfasis”, recalcó. En 1979 cerró su ciclo en el Inta y comenzó su accionar en la actividad privada, convirtiéndose por entonces en asesor agropecuario en siembra directa. Así prosiguió con las prácticas en diferentes campos de productores.

“Empezamos a intercambiar información con diferentes amigos que trabajan con la siembra directa y así formamos Aapresid en 1989. Estábamos convencidos de lo que queríamos y teníamos un empuje muy fuerte”, resaltó.

Paralelamente trabajó como docente e investigador en la cátedra de Manejo de Suelos en 1987 en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, en donde hizo experiencias sobre rotaciones y su efecto sobre el manejo de rastrojos.

“El traslado de conocimientos y discusiones hacia y con los jóvenes fueron muy fructíferos”, detalló el especialista. Pero, como toda implementación de una nueva técnica, tuvo sus complicaciones.

“La siembra directa trajo muchos beneficios, pero asimismo el comienzo fue difícil, ya que se presentaron muchos inconvenientes, y continúan apareciendo”, pero aclaró que con la ciencia y tecnología se van a ir resolviendo.

Nardone destacó que no se contaba con herbicidas y maquinaria suficientes para aplicar la técnica. “Reemplazar la labranza con herbicidas hizo que aparecieran nuevas malezas por el cambio de ambiente del suelo y los costos eran relativamente altos”, sostuvo.

Hasta que la tecnología con la soja RR y la aparición del glifosato le dio un “espaldarazo” a la siembra directa, siendo un sistema de producción con un costo más bajo y permitiendo un buen control de malezas.

“Con los herbicidas anteriores dependíamos de las condiciones ambientales para aplicar, donde se esperaba una lluvia para que puedan cumplir su función”, destacó. En el caso de las maquinarias, al principio eran sembradoras viejas adaptadas para la siembra directa.

“La sequía en el año 1988/89 hizo que muchos productores pudieran cosechar los cultivos, y nosotros bajo este sistema sacamos entre 9 y 10 qq/ha de soja, ya que en ese entonces era bueno levantar algo”, ejemplificó.

Como desafío, Nardone vaticinó que los nuevos eventos biotecnológicos ayudarán al sistema, porque como todo sistema nuevo van variando los ambientes y se necesitan diferentes problemas. “

La investigación de las empresas, de los productores y de los profesionales van a ir resolviendo los inconvenientes”, indicó. Como punto central, Nardone destacó que hay que tener mucho cuidado cuando se habla de siembra directa.

“No es nombrar un cultivo sobre el rastrojo de un mismo cultivo año tras año, como se está haciendo ahora con el monocultivo de soja”, añadió. Es la permanencia, definió el especialista, de cobertura en el suelo y crear un ambiente para la actividad física, química y biológica, sin degradar el suelo. Además logra hacer un uso más eficiente del agua.

“Hay que poner el objetivo a largo plazo, pero hay veces que el productor se queja, a veces de manera entendible, del alto costo de los arrendamientos y del sistema de los mismos, donde no puede hacer una rotación adecuada”, finalizó.

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