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Archive for 1 febrero 2013

Cebada: se retrasa el recambio varietal

Juan Carlos Petoyan, técnico de Syngenta

Juan Carlos Petoyan, técnico de Syngenta

Las abundantes lluvias no sólo retrasaron la siembra de los cultivos gruesos, sino que afectaron notoriamente a los cultivos de fina, especialmente a la cebada. Esto hizo que los rendimientos y la calidad caigan abruptamente por lo que los productores no obtuvieron los resultados esperados.

En este sentido, la variedad que más se utiliza en el país es la Scarlett (95% de la superficie). Ésta sufrió muchos problemas ante las condiciones ambientales adversas.

“Sabíamos de los problemas de vuelco de esta variedad, pero nunca los había manifestado tan agresivamente como este año”, detalló Pablo Bressa, asesor de los Crea General Arenales y Arroyo de los Huesos.

Para contextualizar este aumento, el área de cebada pasó de 800 mil hectáreas en la campaña 2010/11, a 1,160 M en el 2011/12, y en la actual, la superficie llegó a 1,6 M de hectáreas, según datos del Ministerio de Agricultura.

Este crecimiento abrupto (sobre todo por los problemas de comercialización del trigo) dejó en evidencia la poca oferta varietal en el mercado. “Es muy peligroso poner todas las fichas en un solo cultivar”, indicó.

En el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares de Nuevas Variedades Vegetales en los últimos dos años se registraron solamente cinco: Andreia en el 2011, por Cervecería y Maltería Quilmes. Continuando en el mismo año, C 61 fue registrada por Molson Coors Brewing Company, Maltería Pampa inscribió MP2122, y Cargill, la variedad Prestige.

Y en el 2012, Explorer (de origen francés) fue anotada por Nidera fue la única variedad. “Scarlett es la más utilizada, con el casi 95% de la superficie total”, destacó Bressa. Esta variedad fue registrada por Cargill en 1999.

“Hay otras variedades en el mercado que se destacan, como Skakira (inscripta en el 2007 por Cervecería y Maltería Quilmes) y Andreia, pero estas son de menor calidad que la Scarlett”, sostuvo. En estos últimos años, informó Bressa, crecieron variedades nuevas, y en esta campaña se han asentado, pero recalcó que hay que continuar experimentándolas.

“Este año fue atípico. No es tiempo de sacar conclusiones varietales y tomar decisiones”, indicó. En esta sentido, y ante la masividad de los productores de comenzar a probar otras variedades por la baja productividad de la Scarlett, el técnico de los Crea destacó que “la gente abrió el ojo con las variedades que se venían probando”. ”

Todas las variedades tuvieron problemas este año”, afirmó. Además, las malterías no la estaban ofreciendo en el mercado.

Con respecto a los rendimientos y calidad del cereal, Bressa informó que en el norte de Buenos Aires el promedio de la trilla fue de alrededor de 30 qq/ ha, con calidades prácticamente forrajeras en su totalidad. “En Azul, el promedio será de 40 qq/ ha, en su totalidad cervecera, y en la zona costera (clima más seco)) el rendimiento fue de 50 qq/ha”, sostuvo.

En cuanto a las enfermedades que padecieron las diferentes variedades de cebada, Juan Carlos Petoyan, integrante del Servicio Técnico de Syngenta en el sur de la provincia de Buenos Aires, destacó que prevaleció escaldadura, mancha en red, y hacia el final del ciclo, ramularis.

“La limitante fue el ambiente muy propicio para las enfermedades, que le pusieron un techo de rendimiento a la cebada”, indicó. Y coincidió con Bressa que no fue solamente la variedad Sacrlett que sufrió problemas.

“Skakira y Andreida, dons de las nuevas variedades que han progresado en el mercado, tuvieron problemas sanitarios “, afirmó. Además remarcó que uno de los problemas del cereal fue la gran pudrición de los sistemas radiculares y lavado de nutrientes”.

Afirmando la gran calidad de Scarlett a pesar de esta mala campaña, destacó que es necesario un recambio de variedades para que la producción no caiga solamente en un cultivar.

A lo ajeno, tambien hay que cuidarlo

Manuel Zinny, gerente de producción de La Cesira Agro

Manuel Zinny, gerente de producción de La Cesira Agro

En la actualidad, aumentar la producción de una manera sustentable es una de las premisas que se viene pregonando en la actividad agropecuaria.

Es así como muchas empresas/ productores comenzaron a certificar sus campos bajo el programa de Agricultura Certificada (AC) lanzado por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) para ordenar todos los procesos a través del Sistema de Gestión de Calidad (SGC), mejorar la gestión empresarial y optimizar la eficiencia en el uso de los recursos con el objetivo de diferenciarse, en un mercado competitivo.

Un caso testigo es el de La Cesira Agro, socia de Aapresid e integrante de la regional Río Cuarto, quien tiene 800 hectáreas en proceso de certificación donde las primeras 250 hectáreas tienen su auditoría para fines de marzo de este año. ”

La idea es poder certificar todas las hectáreas trabajadas. Parece una utopía pero nada es imposible”, destacó Manuel Zinny, gerente de producción de la empresa que nació en 1999.

Pero lo interesante de esta firma es que está certificando en campos de terceros, una práctica no muy usual en este contexto del agro.

Para ir por orden, La Cesira Agro trabaja 25.000 hectáreas repartidas en tres módulos, en el oeste de San Luis, en el sur de Córdoba y en el Chaco.

Para este año, estima que producirá alrededor de 100 mil toneladas de granos. “La producción se realiza íntegramente en campos de tercero”, detalló.

Al destacar los motivos de la empresa sobre el comienzo de insertarse en el sistema de Gestión de Calidad de los procesos productivos en Siembra Directa, Zinny relató que son socios de Aapresid e integrante de la regional Río Cuarto y los miembros regionales son socios con un grado de compromiso mayor hacia la institución.

“A decir verdad la decisión de implementar AC fue consecuencia de sentir nuestro deber de replicar las acciones de la entidad en nuestra zona de influencia”, sostuvo.

Pero Zinny destacó que no fue solamente por este motivo, sino que cuando comenzaron el proceso de certificación, se encontraron con importantes beneficios.

“Creemos que vamos a poder capitalizar todos estos réditos”, especificó. En esta línea, el gerente de producción describió que las ventajas del programa se basan en el ordenamiento de todos los procesos de la empresa a través del SGC (Sistema de Gestión de Calidad) y la mejora de los parámetros productivos (aplicación del manual de Buenas Prácticas Agrícolas).

“Esto hace la diferencia de nuestra empresa en un mercado muy competitivo y con dificultad para el financiamiento”.

Pero agregó que entre otros beneficios, se pone más atención a la cuestión de minimizar el impacto de la agricultura sobre el medio ambiente. “Hace que la empresa esté preparada ante un escenario de mercados diferenciados para productos o procesos certificados”, especificó. Pero lo más interesante de esta empresa es que está en proceso de certificar campos de terceros.

“No es una práctica habitual, son contadas las personas/empresas que han certificado en campos alquilados. El programa AC tenía como requisito que el campo se arriende a tres años, hoy ese requisito se esta revisando y se aceptaría contrato anual con renovación”.

En este sentido, La Cesira apunta a contratos de largo plazo donde según Zinny, se puede capitalizar la diferenciación. En esta línea, el pago de los campos alquilados es a quintales y a porcentaje.

“Los contratos accidentales (un año) como los contratos de arrandemiento (3 años) son en quintales y las aparcerias (3 años) es a porcentaje”.

Por su parte, esta certificación no sólo es beneficiosa para la empresa. “En nuestro caso los dueños del campo se mostraron muy interesados en que su campo sea certificado por un arrendador. Teníamos contrato accidental con ellos y lo cambiamos a arrendamiento”, detalló. Con respecto al futuro de la empresa, Zinny indicó que la idea es seguir creciendo pero en forma ordenada y priorizando aquellas oportunidades de mayor rentabilidad “ya que el negocio está muy fino”.

“Un desafío que quisiéramos encarar es el de certificar el 100% de la superficie trabajada. Parece una utopía pero nada es imposible”.

Además como dato, Zinny destacó que Aapresid puso en marcha un proyecto (ACR8) donde 8 regionales van a certificar campos con AC y RTRS (Asociación Internacional de Soja Responsable) homologadas a partir de un subsidio del gobierno de Holanda.

 

Cómo es la producción. La Cesira trabaja en campos arrendados 25.000 hectáreas en el oeste de San Luis, sur de Córdoba y Chaco. Para ir más en detalle, la empresa siembra en San Luis un 50% de maíz y 50% de soja de primera; en Córdoba implanta un 60% de soja de primera y un 40% de maíz y en Chaco, 50% de girasol/ maíz de segunda y el otro porcentaje restante, hace soja de primera.

Zinny detalló que en la primera localidad, el maíz es sembrado a principios de diciembre y se basan en la variedad DK 700, AW 190 y DM 2741. “La fertilización es con fósforo y nitrógeno a la siembra”.

En cambio, la soja es sembrada a partir del 15 de noviembre y utilizan la variedad A 5009 RG y DM 5,1. “Aquí es muy importante la inoculación de la oleaginosa y además la fertilizamos con azufre”, recalcó.

En Córdoba, el maíz tiene dos fechas de siembra. La mitad se implanta en septiembre y el restante, en el mes de diciembre. Utiliza los cultivares DK 747 y DK 692, mientras que la soja de primera comienza a sembrarse desde el 25 de octubre al 20 de noviembre las variedades A 5009 y DM 4670.

Con respecto al agregado de nutrientes en esta zona en particular, el gerente de producción de La Cesira Agro informó que la gramínea es fertilizada con fósforo y nitrógeno y la oleaginosa dependiendo de los casos, pero en general le agregan azufre y fósforo.

Por último, en Chaco comienzan la producción de girasol en julio y agosto y trabajan con el cultivar DK 4045 y luego siguen con el maíz de segunda en enero. Utilizan el híbrido DM 3820. “En soja empezamos a sembrar el 10 de diciembre en adelante y la variedad que usamos es DM 5.9, DM 6.2, DM 7.0 y Munasqua”

Zinny destacó que en esa zona no se fertiliza. “En todos los casos tratamos de llegar a un punto de equilibrio entre la necesidad de fertilizar y la factibilidad del negocio”, declaró.

Así con todo este manejo, los rindes promedio que son en el oeste, 50 qq/ha en el maíz de primera y 18 qq/ha en la soja de primera. En el centro los rendimientos del maíz de primera son de 85 qq/ha y 28 qq/ha de soja. Y por último, en el norte la media es de 25 qq/ha de soja de primera, 18 qq/ha de girasol y 35 qq/ ha de maíz de segunda y la soja de segunda.