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Frente a frente: la generación del 80 y las actuales

enero 18, 2013 1 comentario
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Juan Franco Garelli comenzó desde chico air al campo

En los últimos años, tanto la agricultura como la ganadería han sufrido cambios importantes en el manejo, y como consecuencia, en los resultados.

En este sentido, Infocampo dialogó con dos referentes profesionales que comenzaron a trabajar en otro contexto de la actividad agropecuaria, en la década del 80 (antes de la Siembra Directa) y con 4 nuevos profesionales que “ya salieron al ruedo” en un escenario donde el conocimiento y la tecnología son baluartes fundamentales.

Para Marcelo Carmona, profesor titular de la cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía perteneciente a la Universidad de Buenos Aires (Fauba), hay dos puntos centrales en el perfil de los nuevos profesionales respecto de su camada.

“A nosotros no se nos enseñó los temas con respecto a lo que es la siembra directa, y hoy ocupa un lugar central”, sostuvo.

En segundo lugar, destacó, “en las Universidades hay materias nuevas, como por ejemplo lo que es bioinformática o el impacto ambiental”.

“Inclusive se han generado nuevas carreras, como la Licenciatura en Ciencias Ambientales, que no había cuando me recibí en 1990”, afirmó. Así, el fitopatólogo destacó que cambió la estructura de contenidos y también los contenidos en sí mismos, donde la Siembra Directa ocupa un lugar preferencial.

“La fitopalogía también tiene un lugar importante, porque pasó a ser una limitante seria en la actualidad”, dijo. Pero agregó que tomó trascendencia la protección vegetal en general.

“Como desventaja, la nueva generación salió muy formada hacia productos que son totalitarios, como por ejemplo el glifosato, y se olvidó muchas cosas, como las moléculas viejas que cumplían un rol fundamental en la rotación de las mismas y el manejo de malezas para evitar esta serie de resistencias”, relató.

En esta línea, Carmona sostuvo que hoy es fundamental el conocimiento en la producción. “Hacer un posgrado en nuestra época era una ocurrencia, donde antes la producción era un paquete tecnológico. Hoy ya es parte de la carrera porque a la tecnología hay que saber usarla, donde cada cual realiza su propio manejo.”

Para ir más en detalle a la vida profesional, el titular de la cátedra de Fitopatología de la Fauba (egresado en este establecimiento), destacó que su inversión fue la investigación.

“La Universidad me dio becas para formarme a medida que iba estudiando. Me recibí y tenía una carrera en investigación que me otorgó la UBA. Luego de continuar investigando y formarme como investigador, comencé a trabajar en el mismo establecimiento”, resaltó. Otra de los egresados en la década del 80, precisamente en 1981, es César Belloso, actual presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

“Una vez que finalicé los estudios, comencé a trabajar en producción, en un pequeño campo que tenía mi madre de en Chacabuco. Ahí fueron los inicios de la semillera Don Mario, donde nos metimos con los ensayos de variedades de soja”. Mas tarde se radicó en Pergamino siempre vinculado a la sociedad, “pero yo ya trabajaba como profesional”. Luego comenzó a desarrollarse en un estudio agronómico.

“Nos metimos de lleno en el monitoreo de plagas, que estaba en pañales, en ese momento, con asesoramiento y ensayos tanto de fitosanitarios como de variedades e híbridos para generar conocimiento”, indicó.

En la actualidad, Belloso especificó que continúa con trabajos de consultoría y cumpliendo una etapa profesional como define él, “de cierre de campaña”. Para referirse a la diferencia entre su generación y la nueva, destacó que cuando terminó los estudios facultativos, el contexto era otro.

“El sistema de producción era más tranquilo ya que los tiempos eran distintos. La producción era más estacionada, a diferencia de la actualidad, que es una rueda continua”, afirmó. Belloso recordó que la actividad en el verano se circunscribían a ver la terminación de la floración del maíz, mientras que la soja recién estaba apareciendo en los campos.

“Ante la expansión de la oleaginosa, le dio más ritmo a la actividad, sobre todo a partir de la siembra directa”, destacó. Esta es una de las principales cambios que ve el presidente de Aapresid entre las distintas épocas. Luego, agregó, que otra diferencia que hay está en el acceso a la información.

“Hoy en día es más sencillo acceder a la misma a través de internet. Tenés dudas de un material y desde un celular en el medio del campo podés informarte. En nuestra época implicaba todo un esfuerzo de reunir el material, seguir publicaciones y actualizaciones”, especificó.

Belloso coincidió con Carmona que una vez terminada la carrera es fundamental seguir actualizándose a través de posgrados o cursos.

“Antes salías egresado y directamente ibas a trabajar con un productor asesorándolo o en alguna actividad referida a lo comercial. La producción era una posibilidad pero estaba menos desarrollada que en la actualidad, donde el destino profesional se apunta a tareas en el gerenciamiento de la producción con actividades propias o dependiendo de terceros”, sostuvo.

El presidente de Aapresid destacó que la generación anterior modificó la cabeza sobre el sistema de producción a partir de la siembra directa, y ve que este cambio nunca llegó o viene retrasado en el programa de las facultades.

El enfoque del profesional actual es muy estanco, ve distintas disciplinas pero no hay una visión integral del sistema”, indicó. Belloso siguió la línea del fitopatólogo, ejemplificando que los jóvenes profesionales comenzaron a trabajar con una metodología simplificada, como es el caso del glifosato.

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El veterinario Nicolás Antonelli junto al periodista Esteban Fuentes

 

Radiografía de la nueva generación. Dialogamos con cuatro jóvenes profesionales de diferentes ramas. Todos coincidieron en la importancia de continuar estudiando para estar actualizados.

Uno de ellos es Nicolás Antonelli, médico veterinario con base en Saladillo, quien ya desde pequeño palpaba su vocación. “Mi papá es también veterinario desde hace 35 años, y de chico me llevaba al campo de la familia y ahí comencé a conocer la profesión”, sostuvo. Antonelli relató que afianzó este gusto por los animales y el campo cuando cursó el secundario en la Escuela Agrotécnica Salesiana de Del Valle, para luego cursar en la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil.

“Fue una gran ayuda tener la veterinaria de mi familia, porque me permitió tener los clientes.” Junto a Gustavo Antonelli (reconocido veterinario y padre de Nicolás) atienden grandes animales, específicamente bovinos, pero el joven se dedicó a reproducción.

Hago inseminación artificial y diagnóstico de gestación por imagen. Hace dos años incorporamos un ecógrafo”, indicó. Con respecto a la tecnología implementada en la ganadería, el médico veterinario destacó que esta actividad está muy lejos de la agricultura, pero cree que si siguen acompañando los buenos precios de la hacienda, cada vez más se va a tecnificar.

“No hace mucho que se usa los pastoreo rotativo, la inseminación, pero como práctica cotidiana no se han implementado”, sostuvo. Además, Antonelli maneja el campo familiar. En total tienen 365 hectáreas:

“Hace 5 años que me metí de lleno a manejar el campo y básicamente hacemos granos para alimentar a las vacas”. Y para seguir actualizándose, Antonelli comenzará un curso de Márketing y Economía porque siente que es muy necesario para continuar en la vanguardia del agro.

Otro joven es el Ing. Agr. Federico Sánchez, nativo de Córdoba capital, quien se recibió en el 2010 en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba y actualmente se encuentra trabajando en el Inta Precop.

Federico, especialista en cosecha de granos, forrajes conservados y agricultura de precisión en siembra, pulverización y cosecha con máquinas precisas, destacó que comenzó a incursionar en la maquinaria agrícola por la influencia de su padre, ya que trabajaba en una empresa de neumáticos y estaba ligado fuertemente al rubro agrícola.

Continuando con la especialización, Sánchez comenzó una pasantía en el Inta Manfredi en el 2008 como ayudante en la elaboración de ensayos.

Una vez recibido buscó insertarse en el mercado laboral tratando de vincularse con la agricultura de precisión, tema que lo apasiona.

“Justo salió una vacante para el proyecto Precop e ingresé como contratado hasta el 2012, cuando entré a planta transitoria (segunda etapa en el Inta)”, relató. En cuanto a la satisfacción de estar trabajando en esta entidad pública, destacó que es muy positivo porque está en contacto permanente con las innovaciones en maquinarias. “Se está siempre en la calle”, sintetizó su labor en el Inta Precop.

En esta línea, resaltó que es fundamental estar constantemente a la vanguardia de la tecnología ya que el recurso tierra cada vez vale más. Por su parte, el Ing. Agr. Juan Franco Garelli, que actualmente trabaja en el departamento de Insumos de Aibal Servicio Agropecuario (Bragado) también es otro de los jóvenes que fue influenciado por las raíces de su familia.

“Mis padres tenían campos y desde chico ya me llevaban. Pero me convencí de seguir la carrera de agronomía cuando hice el secundario (como Antonelli) en la Escuela Agrotécnica Salesiana de Del Valle”, contó. Garelli, quien realizó sus estudios en la Facultad de Ciencias Agrarias en Balcarce, que depende de la Universidad Nacional de Mar del Plata, salió “a la cancha” mientras cursaba.

En un verano trabajé como pasante en KWS Argentina (semillero de Balcarce) y luego hice controles de cosecha para campos particulares en el sudeste bonaerense (cultivos de fina) y para la firma Cresud en Gualeguaychú (maíz y soja).”

Actualmente su actividad en Aibal (representación oficial de Monsanto) se basa en el asesoramiento técnico, seguimiento de los cultivos de diferentes productores, y realiza ensayos de nuevos materiales y de nuevas moléculas de herbicidas.

Y, como los demás profesionales, continuará actualizándose en materia agropecuaria realizando un posgrado para ampliar sus conocimientos sobre la administración de campos, que es uno de los objetivos en su corta trayectoria.

Por último, Rafael Boiero señaló que comenzó de muy chico yendo al campo porque su abuelo y su padre tenían una semillería en Villa María. De todas maneras, se interesó en el rubro una vez que ingresó a la carrera de Agronomía, donde tomó rodaje con la actividad. “

Con mi hermano más grande incursionamos en la actividad porcina, comprando madres y haciendo el ciclo completo hasta la venta del capón. Eso fue hasta fin de cuarto año de la Facultad, donde me ofrecieron entrar como administrativo en la agronomía en la cual estoy actualmente, Agroempresa San Francisco”, afirmó.

En esta empresa desarrolló diferentes puestos, comenzando en la administración en la sucursal de Villa María, pasando luego a vendedor una vez que terminó de cursar y actualmente como encargado de sucursal en San Luis capital.

“Ha sido una experiencia positiva por donde se lo mire, aprendiendo muchas cosas en una zona donde no es la de origen, con diferencias por el clima y quedando sorprendido con el potencial de esta provincia”, especificó.

Para continuar aprendiendo, Boiero realizó el curso de perito clasificador de cereales y oleaginosas. “Además, seguramente haré uno sobre agronegocios”, dijo. Algo para destacar: estuvo en el concurso que organizó Basf, “Top ciencia”, en 2011 y 2012, donde, en la segunda participación, logró ganar y tener la posibilidad de viajar a Brasil para medirse en el evento a nivel sudamericano.

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Antonelli en su campo realiza agricultura y ganadería

 

Una radiografía del engorde a corral

septiembre 21, 2012 1 comentario

Santiago Doval resaltó que hay un diferencial del 20% entre el precio del flaco y el gordo

La ganadería volvió a despegar después de la caída del stock de 12 millones de cabezas adaptándose a las nuevas condiciones
productivas. En este sentido, el feedlot es una de los patas fundamentales para terminar animales en menor tiempo.

Santiago Doval, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), para saber cómo fue el desarrollo del sector durante el presente año, el futuro de la actividad, el contexto sobre la norma CE 481 y la búsqueda de la aprobación de promotores de crecimiento.

En este sentido, el nivel de ocupación en los primeros meses del año fue del 45%, similar a lo que ocurrió en los dos años anteriores.

Más tarde, en marzo/abril la relación de precio entre el gordo y el flaco y los precios de la alimentación hizo que los productores
se vuelquen masivamente al encierre, ya sea socios de la cámara o no.

“A principios de agosto se alcanzó un 70% de ocupación de los corrales, superiores a 2011 y 2011”, indicó.

Luego hubo un quiebre (como suele suceder) y la foto es otra: comenzó a bajar nuevamente y se estima que va a seguir disminuyendo el porcentaje de animales encerrados.

Entre los motivos de esta baja, Doval señaló que es principalmente porque hay un desfasaje de un 20% entre el precio del flaco y la
posterior venta del gordo.

“Además hubo una suba de los costos de producción como los subproductos proteicos como la soja y girasol y el maíz”, señaló.

Por otra parte, informó que el Ministerio de Agricultura remitió a las autoridades de la Unión Europea en Bruselas toda la documentación necesaria para tramitar la apertura de la exportación de carne vacuna engordada a corral, que contará
con arancel cero.

El trámite iniciado por la Argentina tiene como marco la cuota reglamento (CE) 620, normativa que posteriormente fue modificada por el reglamento CE 481.

“Puede ser muy bueno para la ganadería argentina, porque esto hará que se pueda vender a mejor precio a Europa y no sólo los cortes tradicionales como la cuota Hilton, sino que hay mayor cantidad de cortes”.

Así Argentina pasaría junto a Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Uruguay a exportar a la Unión Europea un total de 45.000 toneladas.

“No se está cumpliendo con la cuota, no se está llegando a la mitad de lo pautado, ya que EE.UU. tiene buenos precios internos y además exporta a otros destinos. Es una buena oportunidad para nuestro país”, sostuvo.

Por último, el presidente de la CAF destacó la preocupación de los feedloteros por no poder introducir tecnología, específicamente los promotores de crecimiento que estaban autorizados tiempo atrás.

“Es algo negativo porque los otros países lo tienen y estamos perdiendo competitividad. Lo están tramitando en el Ministerio de Agricultura pero aún no tenemos respuestas”, especificó.

Esta tecnología, resaltó Doval, es muy importante ya que baja el costo de engorde entre un 10 y 15%.

“Hay un montón de promotores de crecimiento que muchos países usan. Acá no hay ninguna razón técnica para negarla. Por lo menos pedimos los que estábamos usando en el país”, relató.

Es una decisión política que debe decidir la cartera agrícola.

“En Agricultura vemos que se habilitan constantemente nuevos eventos biotecnológicos y la ganadería se está quedando rezagada”, concluyó

Nada se pierde: estiércol convertido en biogás

La empresa tuvo que reconstruir la estructura del feedlot para el proyecto de biogás

Desde el final de las compensaciones, la actividad feedlotera ha tendido a nivelarse para reconstituir los valores de mercado.
Para esto ha atravesado en el último año la embestida del precio de la invernada y los números de rentabilidad han sido negativos.
En este período, la diferencia entre el precio de la hacienda de invernada y el gordo se emparejó, pero de todas maneras los
feedloteros necesitan ser eficientes para no continuar perdiendo rentabilidad en el negocio de engorde.
En este contexto es como Alejandro Forcada, del feedlot Combers S.A., ubicado en Tordillo, provincia de Buenos Aires, le encontró la vuelta. Desde fines del año pasado convierte el estiércol de los animales en biogás para la utilización de energía eléctrica para uso propio, y apuesta a una futura comercialización de electricidad en la red. Así es como pudo agregarle valor al sistema y reducir el impacto ambiental.
“El proyecto empezó para darle una alternativa económica al mal momento estacional que pasábamos en la actividad, y segundo
para ir mitigando el problema del impacto ambiental”, señaló Forcada.
El biogás se genera a través de la fermentación anaeróbica provocada por bacterias metanogénicas, que obtienen el metano de los purines y se acopian en una geomembrana llamada biodigestor.
Este es un sistema natural que aprovecha la transformación del estiércol (en ausencia de oxígeno) de las bacterias que habitan
en el rumen del animal, para transformar éste en gas metano y fertilizante.
La idea de Combers es llegar a los 22 biodigestores y de esta manera alimentar las usinas eléctricas para poder comercializar la energía.
El feedlot para este proyecto tuvo que reconstruirse, con una inversión muy grande. Así pasaron de un sistema tradicional de corrales, con comederos de hormigón y una plataforma de alto tránsito de 50 x 80 a corrales más pequeños de 25 x 20, con una pendiente de 1 cm por metro y lograr de esta manera una carga de 5 m2 por animal.
Además, por ahora, los corrales tienen 3,5 metros de techo, con futuro de extenderse a todo el corral.
También Forcada hace dos años tuvo que impermeabilizar todos los corrales y hacerlos de hormigón para que el estiércol quede limpio y no se contamine con la tierra.
“Antes había una plataforma de 4 metros de hormigón en los comederos, donde estaba la mayor circulación de los animales con una superficie de 30 m2 por animal”, informó.
El establecimiento, con capacidad para 20.000 animales, tiene 48 corrales con hormigón y tienen planificado llegar a 100 corrales con este sistema, el cual se estima que demorará dos años más.
La recolección del estiércol es hídrica, donde la bosta se empuja desde el piso hasta las cámaras sépticas que luego se rebombean al biodigestor.
“Nuestra idea es tener un mejor know how apuntando a eficientizar en la recolección, y de esta manera que la bosta llegue lo más rápido posible del animal al biodigestor”, indicó.
No obstante, con la electricidad en el establecimiento pudo mejorar la eficiencia al elevar la conversión de ganancia de peso diaria del animal en un 30% y bajó la mortandad en un 50%.
“Tener mejor acceso a los comederos, caminar mucho menos y en un piso totalmente fijo, produce un menor desgaste de energía en el animal”, destacó.
Dado este cambio de estructura, un animal que estaba en el feedlot 90 días promedio, arrojaba una ganancia de peso diaria de 1,2 kg. Ahora se aumenta la rotación del animal en 75 días promedio, con una ganancia de 1,5 kg por día.
Forcada remarcó que al estar estabulados los animales, la idea es en invierno, con un sistema de calderas, mantener la  temperatura ambiente en 20 grados y en verano enfriadores para mantener el hábitat del animal por el estrés de encierro. Además, incorporaron iluminación nocturna aumentando de esta manera la cantidad de horas diurnas que el animal come.
“Muchas cosas copiamos de sistemas europeos que son estabulados y sistemas de producción intensivos en otras especies (porcina y avícola), con un mix americano, y a su vez argentinizándolo”, sostuvo.
Forcada informó que la alimentación no varía, donde continúan trabajando con una dieta húmeda con el 60 y 70% de materia seca, a base de maíz con subproductos como gluten de maíz, pellets de girasol y afrechillo de trigo.
“La empresa cosecha parte del maíz que compone el alimento del ganado para abaratar su costo. Luego, los subproductos se compran a empresas de la zona”, destacó.
Dado que el feedlot empezó a incrementar lentamente su rentabilidad, Combers aprovechó la crisis para tecnificarse y seguir innovando en el mercado.

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