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Una visita inesperada en los campos norteños

noviembre 11, 2013 Deja un comentario

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El sistema agronómico argentino está en alerta ante la posibilidad de que haya ingresado al país la oruga Helicoverpa armigera, una plaga que ataca los cultivos de soja, maíz y algodón, entre otros, y que presentaría resistencia a la tecnología Bt.

Esta plaga ya fue detectada oficialmente en Brasil y Paraguay. Por este motivo, Daniel Igarzábal, especialista en Protección Vegetal, y profesor de Protección Vegetal en la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica de Córdoba, destacó que como cualquier problema nuevo hay que ir abriendo despacito el paraguas antes que llueva:

“Hay que tomar previsiones, aunque esto no significa que ‘carguemos las armas’ antes de tiempo. Primero hay que conocer muy bien el ‘blanco’ para poder establecer las estrategias de manejo”.

Tomando las riendas del especialista, Juan Carlos Morales, miembro de la Consultora Agropecuaria Rurais, de Tucumán, destacó que todavía no es posible afirmar la presencia de esta plaga en el país, ya que al tratarse de una plaga cuarentenaria hay protocolos que cumplir.

“Creo que pronto puede haber novedades al respecto, ya que en esta campaña de invierno en la zona NOA se observaron mariposas y orugas del tipo de Helicoverpa armigera. Las tareas de taxonomía están bastantes avanzadas y en el caso que la identificación sea positiva se informará al Sinavimo del Senasa, quienes anunciarán la presencia en el país”.

En este sentido, y para empezar a conocer mejor a esta oruga, Igarzábal explicó que las plagas cuarentenarias, extrañas a nuestro ambiente, pueden tener distinto tipo de adaptaciones. Sin embargo, hay antecedentes muy cercanos de esta oruga en Paraguay y Brasil.

Para Igarzábal es una plaga similar a Helicoverpa gelotopoeon ( la oruga bolillera) y a Heliothis zea (la oruga de la espiga del maíz).

“La traducción del nombre común en inglés es ‘oruga africana’, y aunque todavía no tiene un nombre común en nuestro territorio, si se expresa de la manera que lo hizo en Brasil vamos a tener que llamarle ‘la oruga brava’”, vaticinó el especialista.

Para tener un panorama más amplio, Igarzábal subrayó que lo primordial, de confirmarse oficialmente su presencia, es una red de monitoreo con trampas específicas de feromonas en todo el país, empezando por el norte, hasta al menos la zona central.

“Con esto tendremos un panorama más claro de las regiones colonizadas y una primera referencia sobre la presencia y abundancia de población en diferentes sitios del país”, explicó.

Para conocer los daños que causa esta oruga, Morales especificó que es polífaga y ataca más de 100 especies de plantas, entre cultivadas y silvestres.

“Está registrada en cultivos extensivos, hortícolas, frutales y florales. Alguna referencia menciona hasta 200 especies atacadas”, indicó.

Además tiene un elevado potencial reproductivo, donde cada mariposa puede llegar a poner entre 2.000 a 3.000 huevos.

“Tiene una gran capacidad de dispersión, los adultos son migrantes por naturaleza, llegando a desplazarse hasta 1.000 km. Y posee una alta capacidad de sobrevivencia, adaptándose a diferentes ambientes, climas y sistemas de cultivo”, expresó.

En este sentido, la oruga ataca prácticamente toda la parte aérea de una planta, pero muestra una gran preferencia por órganos con altos niveles de nitrógeno, que se correlacionan con puntos de crecimiento (brotes) y órganos reproductivos como botones florales, flores, frutos (bochas de algodón, mazorcas de maíz, vainas de soja, poroto, garbanzo, silicuas de colza, aquenios de girasol, granos de sorgo) frutos de tomate, pimiento, citrus, para sólo mencionar algunos.

Asimismo, uno de los temas que viene preocupando al sector es la resistencia de diferentes plagas a la tecnología Bt. En este sentido, el técnico destacó que es una especie que desarrolla resistencia a los insecticidas con facilidad.

“En el caso de las proteínas Bt, la información disponible muestra que tienen un control parcial (supresión) y solamente con un manejo adecuado de esta tecnología (refugios, destrucción de pupas en diapausa) se puede evitar la generación de resistencia a estas toxinas”.

Continuando con este línea, en este caso, Enrique Lobos, profesor de la Facultad de Agronomía y AgroIndustrias de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, especificó que esta tecnología, en algodón, maíz y soja existentes en nuestro país, parece no tenerla como blanco susceptible.

“Es decir, existe la posibilidad de que dañe estos cultivos”, sintetizó.

Otro aspecto para destacar, según Lobos, que hace más grave el problema es que en los países donde está presente ya acusa resistencia a insecticidas fosforados, carbamatos y piretroides.

Por su parte, Igarzábal informó que Embrapa (institución de Brasil equiparable al Inta) ya sugiere umbrales de tratamiento para algodones Bt.

“Esto da la pauta que es una plaga que puede no ser bien controlada por eventos transgénicos, pero dependerá del tipo de material”, pero agregó que “aún no lo sabemos”.

En esta línea, señaló que se refuerza la posición técnica de que los cultivos Bt deben ser monitoreados de la misma manera que lo son los convencionales actualmente usados.

Cómo llegó este lepidóptero a Sudamérica.

Hace unos meses, consignó Enrique Lobos, Brasil se vio sorprendido por la noticia de la identificación de Helicoverpa armigera Hubner entre sus poblaciones, plagas de la soja, maíz y otros cultivos.

“Este lepidóptero fue responsable de millonarias pérdidas, por el daño producido en las últimas campañas agrícolas en ese país”.

Según informó, la plaga habría llegado en un cargamento de productos agrícolas desde algún continente oriental. (algunos dicen en un cargamento de flores que llegó a la Argentina y de aquí pasó a Brasil).

“Normalmente esta plaga esta presente en Australia, África, Asia y varios países europeos”, indicó. Asimismo, aseguró que en la segunda semana de octubre de este año, el Senasa paraguayo confirmó la presencia de Helicoverpa armigera en territorio guaraní, y advirtió que “se trata de una de las plagas más peligrosas en la producción agrícola”.

En cuanto a las pérdidas causadas por esta plaga, Igarzábal relató que sólo en Bahía (Brasil), se estima que en los dos últimos años en el cultivo de algodón, los costos de control se duplicaron (de u$s400 a 800) y entre las pérdidas de rendimiento y tratamientos extras, se perdieron más de u$s600 M en los cultivos de poroto, garbanzo, soja, maíz, algodón y otros.

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Maíz: mejor dividir la dosis de nitrógeno

Una nueva campaña maicera ya se largó, y una de las claves para aumentar los techos de rendimiento del cultivo es la fertilización.

En este sentido, tres técnicos detallaron la mejor estrategia para nutrir el maíz con fuentes nitrogenadas, tanto para los maíces de primera como los denominados tardíos.

En primer lugar, Mirta Toribio, del departamento Planeamiento y Márketing de Profertil, destacó que en general el criterio que debería seguir el productor para fertilizar con nitrogenados en función del régimen de precipitaciones es nutrir siempre con una buena condición de humedad del suelo, es decir sin excesos ni déficit hídrico.

“El nitrógeno es un nutriente muy móvil en el suelo; si aplicamos cuando hay excesos hídricos aumentan las pérdidas del nutriente por lavado y lixiviado. Y cuando falta agua se volatiliza y pasa a estado gaseoso y, por ende, también aumentan las pérdidas”.

En esta línea, la técnica aseguró que la situación ideal es que el suelo esté con un mínimo de 50% de agua útil.

Por otra parte, una de las claves para agregar los fertilizantes nitrogenados es el momento de la aplicación. En este sentido, Toribio señaló que la técnica de fertilización ideal es aportar el nutriente en el momento que la planta lo necesite.

“En función de esto se recomienda aportar una parte del fertilizante en el momento de la siembra y el resto de la dosis en estado de V6, momento en el que el cultivo comienza a elongar el tallo y sus necesidades nutricionales son muy fuertes”, expresó.

Toribio explicó que se calcula que desde la siembra a V6 el cultivo consume 2 kg/ ha/día, y desde V6 hasta polinización es el mayor consumo de nitrógeno, con 4 kg/ha/día. Y luego de la misma, el consumo es de 1 kg/ha/día y es por removilización de N desde el tallo a la espiga.

“Por eso, el productor debería contar con unos 60 kg de N/ha a la siembra y luego agregar la dosis necesaria según requerimientos (22 kg N/t grano producida) para alcanzar el potencial de cultivo. Además hay que tener en cuenta el N que aporta la materia orgánica en zonas con buen porcentaje de la misma”.

En este sentido, recalcó que el N es muy dependiente del agua y necesita de ella para tener respuesta.

“Por eso, en años neutros y con un manejo de números tan ajustados como éste, debemos ser eficientes con el uso del agua y los nutrientes. La mejor estrategia es la división de dosis siendo conservadores y lo más eficientes posibles con el uso de los insumos”, sentenció.

En este línea, Luis Ventimiglia, técnico del Inta 9 de Julio, también recomendó aplicar las fuentes nitrogenadas al menos en dos momentos: una parte a la siembra y otra entre V4 a V6 (4 a 6 hojas desarrolladas con lígula visible).

“Si se analiza desde el punto de vista de la fisiología de la planta, lo ideal sería aplicar N de forma paulatina a partir de que la misma va evolucionando”, explicó.

Pero aclaró que este proceso es difícil de llevarlo a cabo por varios motivos: “No tenemos la seguridad de que pueda incorporarse al suelo (cuando se aplica al voleo) y la planta lo pueda tomar en tiempo oportuno; tiene costos adicionales (por mayores aplicaciones) y el productor tiene otros tipos de trabajos que no puede descuidar, lo que limitaría este tipo de operatoria”.

Asimismo, Ventimiglia aseguró que es importante que cuando el productor refertilice, no aplique tarde (V7 o V8). “Si se trabaja el fertilizante en cobertura total sin incorporación y no hay lluvia, la planta no lo va a poder absorber a una tasa de captación máxima”, dijo.

En cuanto a la nutrición del maíz tardío, una alternativa de siembra que ha crecido en los últimos años, Toribio indicó que la estrategia es distinta porque el aporte por mineralización de la MO es mayor y se debería fertilizar con una dosis mas baja de N, buscando fuentes más eficientes.

“En general tienen una ciclo más corto impuesto por las condiciones meteorológicas que los gobierna. Por lo tanto el rendimiento es menor y como consecuencia, sus requerimientos nu- tricionales”, destacó Toribio.

Así las aplicaciones deberían ser en un solo momento (a la siembra o en V2 – V3) ya que el crecimiento del cultivo es muy rápido y son de ciclo más corto. “También hay que tener muy en cuenta la disponibilidad de agua para dichas aplicaciones”, indicó.

Por otra parte, Ventimiglia hizo hincapié en los restantes nutrientes necesarios para el maíz. “La fertilización fosforada es fundamental para que el productor luego pueda ser eficiente con los demás nutrientes”.

Así, aseguró que se puede aplicar en cobertura total al voleo, donde el sistema esté bien conformado y la física del suelo sea la correcta. “Una alternativa adecuada sería: trabajar con 80-90% del total de fertilizante fosforado al voleo y el 10 y 20% restante, agregarlo en la línea”, sostuvo.

Y agregó que en los casos que haya suelos compactados o con problemas de porosidad, la aplicación en la banda de siembra puede llegar a ser más efectiva.

Otro de los nutrientes necesarios es el azufre, que según el técnico de Inta de 9 de Julio viene día a día cobrando mayor importancia, porque se observan carencias en la mayoría de las zonas productivas. En este sentido, se puede aplicar en co- bertura total al igual que el nitrógeno.

“La diferencia es que este nutriente se lava menos, y principalmente no se volatiliza” Por último, señaló que hay que tener en cuenta y observar qué sucede con algunos micronutrientes, sobre todo con zinc y boro.

Fórmulas para fertilizar con N.

Daniel Miralles, docente e investigador de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba), destacó que hay modelos de aplicación para agregar las fuentes nitrogenadas similares tanto para el maíz como para el trigo.

“El modelo más sencillo es el de balance. El productor tiene que saber cuánto el cultivo va a absorber de nitrógeno y cuánto tiene que ofrecerle, y luego le restan el N que ya contiene el suelo”, explicó.

Además, destacó, hay otros modelos más complejos, como es el Maicero. “Contempla la variabilidad interanual que hay en el maíz, ya sea el contenido de agua, enfermedades, etc., y con todos estos datos se puede tomar una decisión. Este sistema está diseñado por Crea, la Facultad de Agronomía y Profertil”.

Roya común y tizón foliar: dos enfermedades para tener en cuenta en el maíz

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El maíz es uno de los cultivos que en la campaña 2013/14 aumentarían. Y como es sabido, es uno de los cultivos más caros de producir.

Por eso, maximizar los rindes es clave para los productores. En este sentido, Lucrecia Couretot, fitopatóloga del Inta Pergamino, destacó dos enfermedades típicas del maíz y su manejo respectivo.

“Las principales enfermedades foliares del maíz en la zona núcleo son la roya común (Puccinia sorghi) y el tizón foliar (Exserohilum turcicum) que se presentan todos los años con diferentes niveles de severidad según las condiciones climáticas, el material genético sembrado y los biotipos de los patógenos presentes”, afirmó.

En esta línea, para el control de la roya común, Couretot destacó que el uso de híbridos resistentes es una de las principales herramientas, pero aseguró que algunos híbridos que se destacan por su potencial de rendimiento y son susceptibles a esta enfermedad, la aplicación de fungicidas foliares se transforma en una alternativa válida para reducir las pérdidas de rendimiento causadas por esta enfermedad.

“El control óptimo sería en los estadíos V8-V10 en hojas que rodean la espiga. Cuando las condiciones climáticas son predisponentes, la disminución del área foliar verde genera madurez anticipada y menor peso de los granos”, indicó.

Couretot destacó que en la campaña 2011/12, en la fecha de siembra de octubre se determinaron respuestas positivas en rendimiento con aplicaciones de fungicidas para el control de híbridos susceptibles.

En siembras tardías, informó, en la campaña 2010/11 en la EEA Pergamino, el 50% de los híbridos presentaron valores inferiores al 5% de severidad de roya y el 47% de los híbridos alcanzaron valores entre 5-10%.

Asimismo, en la campaña 2011/12 en Colón (Prov. de Bs. As.), para maíces sembrados en setiembre, el 57% de los híbridos no superaba el 5% de severidad. Mientras que en el mismo sitio en las campaña 2009/10 y 10/11, los máximos valores de severidad de roya común fueron de 25 y 20%, respectivamente.

Por otra parte, el tizón foliar causado por Exserohilum turcicum es una enfermedad foliar que se destacada por su alta prevalencia e intensidad en las últimas campañas en maíces de siembra tardía (diciembre/enero).

“Las condiciones predisponentes para este hongo son temperaturas entre 17 y 27°C. El tiempo de mojado foliar que requiere para infectar al hospedante es térmicamente dependiente. A 25°C, una hora de mojado foliar es suficiente para causar la infección, y a esta temperatura sólo requiere 14 horas de mojado foliar para esporular”, declaró.

Para caracterizar esta enfermedad, la fitopatóloga indicó que las primeras lesiones se detectan en las hojas inferiores y son manchas aisladas de color pajizo que se van expandiendo y confluyendo con el tiempo.

“La enfermedad avanza desde hojas inferiores hacia las hojas superiores”, dijo.

Couretot remarcó que factores como el aumento de la superficie en siembra directa, los cambios y la ampliación de la fecha de siembra, lluvias intensas y frecuentes durante los meses de verano serían los principales factores que influyen en el incremento de esta enfermedad.

Para ejemplificar, durante la campaña 2009/10 en ensayos comparativos de rendimiento (ECR) y en lotes de producción de maíces de siembra tardía y de segunda los altos niveles de tizón permitieron caracterizar híbridos con diferente comportamiento.

“De los híbridos evaluados el 50% alcanzó niveles de severidad entre 45-60%, mientras que el otro 50% fueron bajos y moderados, entre 5 a 25%. En la campaña 2011/12 en maíces de siembra tardía el 78% de los cultivares presentaron severidades de tizón iguales o menores a 4% y el 22% de los materiales fue mayor al 4,1%”.

Ante esta enfermedad, la profesional relató que una de las principales herramientas para el manejo es la resistencia genética.

Asimismo, la aplicación de fungicidas foliares, especificó, es una herramienta para el control de esta enfermedad en híbridos susceptibles.

Pero destacó que los momentos óptimos de aplicación de fungicidas dependen de las condiciones ambientales, la intensidad de la enfermedad, el perfil sanitario y el estado del cultivo.

“Respuestas positivas en rendimiento, entre 8 y 25%, se han obtenido con aplicaciones en estadíos vegetativos y reproductivos con mezclas de triazoles y estrobilurinas”, sostuvo. De los híbridos evaluados el 50% alcanzó niveles de severidad entre 45- 60%, mientras que el otro 50% fueron bajos y moderados, entre 5 a 25%. “En la campaña 2011/12 en maíces de siembra tardía el 78% de los cultivares presentó severidades de tizón iguales o menores a 4% y el 22% de los materiales fueron mayores al 4,1%”, indicó.

Además, subrayó que en las últimas dos campañas se observaron, con distintos niveles de severidad, según híbridos, lesiones foliares de origen bacteriano y particularmente en esta última campaña

Una manera de fertilizar los campos

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Una de las cualidades que se destaca en los productores es la incorporación de tecnología a sus campos para una producción sustentable.

Uno de ellos es Luis Urdangarín, un productor de Carlos Tejedor, al noroeste de la provincia de Buenos Aires, quien está invirtiendo en un biodigestor en su campo de 258 hectáreas, donde su actividad principal es el engorde a corral.

Al principio, relató, comenzó a ver que la fertilidad de los suelos disminuía considerablemente.

“En nuestros campos teníamos 20 ppm y en la actualidad nos encontramos con 7, 8 y en algunos casos alcanza hasta 10 ppm”, relató.

Así, destacó que comenzó a preocuparse (como todos los productores) por el estado de sus campos, ya que se está extrayendo más nutrientes de los que se repone.

“En una exposición me encontré con la empresa Biogás Argentina, donde me comentaron sobre el proyecto que comenzará a funcionar dentro de 3 o 4 meses”, explicó.

Además, señaló que a partir de este proyecto, también integrarán la comercialización de energía eléctrica: “Es otra de las patas que podemos explotar con el biodigestor”.

Pero para dar más precisiones de su manejo productivo, Urdangarín tiene dividido el campo en tercios, de los cuales un tercio son suelos buenos, el otro tercio regulares, y el último, malos.

“Esta zona no es buena para la actividad agrícola Es para hacerla complementaria a la ganadería. Muchas años vienen muy secos y otros muy húmedos. La campaña pasada tuvimos dos meses con inundación y, acto seguido, meses de sequía”, explicó.

En esta línea, subrayó que toda la producción granaria la transforma en carne. Los cultivos que produce son sorgo para pastoreo y para cosecha, maíz, y va rotando con cebada para hacer silos. Este año sembrará soja para diversificar la rotación.

“Tengo entre 600 y 700 animales encerrados o caminando en el campo”, relató. En este sentido, destacó que en los campos propios hace recría y realiza la terminación de los animales. En campos arrendados, indicó, tiene vacas de cría y también compra animales de invernada a productores de la zona.

“Hago ciclo completo en varios campos”, contó.

El año pasado comercializó alrededor de 700 animales a un promedio de 333 kilos. Con esta estructura, Urdangarín comenzó a invertir en un biodigestor para aprovechar los recursos disponibles en el campo.

Así, detalló que en una exposición se encontró con técnicos de Biogás Argentina, y luego de varias reuniones, le realizaron un proyecto para su campo.

“Me interesó al principio por la parte de fertilización de mi campo, pero también queremos explotar la parte de la generación de energía eléctrica”, sostuvo.

Así es como empezó a construir una platea de hormigón de 1.600 metros cuadrados para 500 animales (alrededor de 3 metros cuadrados por animal).

“Se hace un lavado periódico de los corrales para que el estiércol fluya a una cámara de carga, y una vez que está el estiércol en esa cámara de carga, se incorpora al biodigestor a través de una bomba. Allí, en la parte superior, que es anaeróbica (sin presencia de oxígeno), trabajan las bacterias, produciéndose la fermentación de toda la bosta”, indicó.

Esa fermentación genera un gas que se almacena en la parte superior. Mientras que en la parte inferior, con la fermentación del estiércol y el trabajo de las bacterias sale un fertilizante de muy buena calidad. La inversión total de este emprendimiento es alrededor de $1,3 millón contando la obra, la platea, los corrales, el digestor y el generador eléctrico.

En cuanto a la inversión, Urdangarín destacó que es muy importante, porque, según el productor, apuesta a actividades con mucho futuro, como la ganadería. Además señaló que por el lado de los fertilizantes es cada vez más caro y más escaso, al igual que para la energía.

Se espera un crecimiento del 10% del área girasolera

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Uno de los cultivos que quiere volver a recuperar terreno es el girasol, a partir de nuevas tecnologías y los buenos precios que se vienen manteniendo en el mercado.

Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en la campaña 2012/13 se sembraron 1,8 millón de hectáreas, 200.000 hectáreas menos de lo pensado, por los problemas de inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Según la entidad, se cosecharon 3,3 millones de toneladas, y ya con el 90% del área trillada, el rinde promedio país es de 19 qq/ha. En este sentido, Archivaldo Salvador, director del Cultivo de Girasol para Latinoamérica Sur de Syngenta, destacó que el rinde medio de este año es un 20% más que la campaña anterior.

 “La foto del girasol en esta campaña fue positiva”, sostuvo. En esta línea, Salvador destacó que el margen bruto del cultivo fue positivo en las tres zonas de producción, tanto en el norte, el oeste de Buenos Aires y La Pampa, y en el sur de la provincia bonaerense.

 “Hoy el valor de pizarra está bien, cerca de 340 dólares por tonelada”, pero destacó que la rentabilidad del productor depende de su sistema de manejo, sobre todo del arrendamiento del campo y los insumos que aplica. “Luego de las lluvias, en el verano hubo una época de sequía que afectó tanto al maíz como a la soja. El girasol se salvó, y es uno de los cultivos que más rentabilidad le dio al productor”, afirmó. Por otra parte, estimó que en la campaña 2013/14 las hectáreas de girasol aumentaron un 10%.

 “En la campaña pasada se redujo el área, por los problemas que hubo al momento de la siembra por las abundantes lluvias. Este año hay una buena intención de siembra en Chaco y norte de Santa Fe, y esperamos que no se inunde en la provincia de Buenos Aires”, indicó.

 El director de Girasol para Latinoamérica Sur señaló que hoy el productor cuenta con la tecnología Clearfield (control de malezas) como girasoles de calidades especiales (alto oleico). Y esta combinación es una tecnología que viene creciendo en el país.

 “Hay siempre avances constantes de nuevos híbridos empujando los rindes hacia arriba, y se ven mejores prácticas agrícolas que hace el productor”, concluyó.

Soja sobre soja: una realidad que se busca mejorar

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La realidad del sistema de producción en la Argentina indica que gran parte de la superficie se le dedica a la soja. Pero en los últimos años se viene dando un fenómeno que preocupa: sistemas de producción basados en soja sobre soja. Si bien desde los técnicos hasta las distintas asociaciones desalientan esta práctica, hoy aceptan la realidad (casi el 60% del total se hace soja sobre soja) y dan recomendaciones para que el daño sea lo menos grave posible.

“El concepto es que desde el punto de vista de los sistemas de producción, la decisión de qué cultivo va a participar en cada empresa es una decisión que incluye factores de ambientes, culturales, políticos y económicos y hoy en este contexto es muy frecuente el monocultivo de soja”, señaló Martín Díaz Zorita (Conicet, DZD Agro-Novozymes).

En esta línea, el investigador destacó que desde el punto de vista agronómico no es una recomendación, pero desde el punto de vista empresarial, es una de las opciones.

“La práctica soja sobre soja existe y lo que hay que hacer es dar la mejor respuesta”, resaltó. En cuanto a las características de estos sistemas productivos, Díaz Zorita destacó que hay limitaciones en los rendimientos entre un 7 y 10% menos que los sistemas de rotación.

“Son cultivos que requieren ajustes de dosis de fertilización, normalmente entre un 10 y 20% en base a fósforo, porque cambia en la forma en que el fósforo es absorbido por las raíces”.

Además, tiene una presión de enfermedades mayor por el mantenimiento de los rastrojos. “Por lo que requiere que haya un uso eficiente de fungicidas, rotación de moléculas, aplicación de tratamiento de semillas, uso preventivo de foliares, y elecciones de adecuadas variedades”.

Para ser más específico, Díaz Zorita indicó que se deroga rentabilidad del cultivo por menos rendimiento y mayor uso de insumos. En esta línea se sumó María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil, quien destacó que es una práctica que se generalizó en todo el país.

“Aceptamos la realidad productiva pero no alentamos que los productores continúen con este sistema”. Además señaló que no sólo el monocultivo de soja es perjudicial para el suelo, sino la secuencia de monocultivo.

Ensayos en 9 de Julio. Luis Ventimiglia, técnico del Inta de dicha ciudad, realizó estas últimas tres campañas ensayos sobre la importancia del fósforo en monocultivos de soja.

“El objetivo es ver qué sucede a través del tiempo en una práctica de monocultura sojera, ya que está generalizado”.

El ensayo constó de cinco tratamientos: el primero es el testigo(nunca recibió fósforo); el segundo fue la aplicación al voleo en cobertura total de 140 kg de superfosfato triple de calcio (SPT)en el invierno (junio/julio); el tercero implicó la adición de un arrancador (sería lo que hacen muchos productores) con 40 kg de SPT de calcio en la línea de siembra.

“El cuarto tratamiento es la aplicación dividida de 100 kilos de SPT de calcio en el invierno y 40 kg a la línea (cambió la forma de aplicación)”, aseguró. Y el quinto, consistió en 140 kilos al voleo en cobertura total, pero cambia el momento de la siembra.

Para contextualizar el ensayo, Ventimiglia indicó que el nivel de fósforo en los primeros 20 cm era de 6,1 ppm. Además aclaró que los suelos partieron con buena rotación y vienen desde más de 20 años con SD .

“También mantuvimos el cultivo libre de malezas, de insectos y plagas”. Para ir a los resultados del ensayo, los valores promedios de rendimientos marcaron un aumento en estos 3 años. “La primera campaña fue buena desde el punto de vista climático. La segunda en 2011/12 fue la más floja (problemas de lluvia) y la que terminó fue muy buena”.

En lo que respecta a incrementos de rindes promedios/año para los tratamientos con dosis máxima (140 kg) hubo aumentos de 1.700 y 1.900 kg extra de soja en referencia al testigo. En el tratamiento con solo arrancador hubo 1.000 kg de incremento de rindes.

“Se vieron diferencias menores en el segundo año y diferencias grandes en el tercer año. Hay más de 3.000 kilos entre tratamientos con máxima fertilización y testigo”. Esto significa, destacó Ventimiglia, lograr una mayor rentabilidad, pero agregó que hay que ver otro componente que es ver qué sucede con el fósforo en el suelo.

“En el promedio de los tres años tenemos incrementos en el contenido para los tratamientos de mayor dosis de fertilizantes en torno a 1,9 ppm. En realidad, hasta hace unos días (de los dos años anteriores) estábamos en más de dos. Sin embargo, en esta última campaña por los altos rindes (más de 60 qq/ha) el promedio nos bajó a 1,9 ppm”.

Para destacar, el técnico del Inta informó que para elevar una parte por millón de fósforo en el suelo necesitamos en promedio 30 kg de SPT de calcio.

“Para cuantificar ese 1,9 ppm, son 57 kg de SPT de calcio y hoy el fertilizante cuesta 610 dólares/tonelada, tendría un costo de 3,23 pesos/kilo de producto comercial. Si a eso se lo suma la producción extra que tuve sobre el testigo (descontando los costos), los ingresos de esos tratamientos son de $/ha 3.000, con respecto al testigo”.

“El arrancador no llega a cubrir las necesidades que el cultivo necesita. Tiene una extracción extra del cultivo del suelo. Solamente considerando la producción de 1.000 kg, nos da un margen de la práctica de 1.600 pesos. Hay una diferencia del 100%”.

En este sentido, indicó que se paga el costo del fertilizante, deja un margen bruto positivo y queda un residual para mejorar el nivel de fósforo en el suelo”. Por otra parte, el ensayista está analizando otro componente como el contenido de fósforo en el grano.

“La relación es directa, el testigo tiene niveles bajos, no llegan a 0,3% mientras que los tratamientos fertilizados están en 0,4%”. En esta línea hay más producción y un grano con un mejor nivel de fósforo.

“Hoy se está empezando a considerar y los compradores están reclamando una mejor dotación de este nutriente como el de nitrógeno”. Por último, Ventimiglia destacó que queda un margen negativo de carbono. “Desde el punto de vista químico podemos neutralizar y mejorar el contenido de fósforo, pero desde el punto de vista de contenido de MO la monocultura no es lo más adecuado”.

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